Seduccion de este dia. Albert Casals. Sin fronteras. Sin límites

Algunos ya lo conocéis. Se llama Albert Casals, es un chico de 20 años, que viaja en silla de ruedas por todo el mundo, y que a los 5 años ya empezó a decir que quería viajar, aunque como es lógico, por su corta edad no le dejaron.

Albert es el vivo ejemplo de que NO existen limitaciones, sino en la mente de cada uno. Rebosa optimismo por todos sus poros, cuenta divertidas aventuras de cómo arreglárselas para ir sin dinero por el mundo y salir airoso de su hazaña. Como ejemplo de su optimismo, una de las sorprendentes y simpáticas frases que le contesta a Buenafuente en la entrevista del video es:

Albert Casals: “Mientras no te mueras, todas las cosas son buenas“.

Y otra frase:

Si vas a comer con dinero, y te comes la comida, no das la oportunidad de que te inviten a comer gratis“.

Aquí os dejo un artículo donde se habla de él y sobre la publicación de su segundo libro.

Albert Casals relata nuevos viajes en silla de ruedas y sin dinero

El joven catalán de 20 años Albert Casals, que se desplaza en silla de ruedas, relata nuevos viajes en su segundo libro, “Sense fronteres” (Sin fronteras), en el que refleja su filosofía optimista de la vida y aquello que le hace más feliz: viajar sin dinero para conocer a la gente que se va encontrando.

Editado por Edicions 62, en esta ocasión explica los viajes que emprendió entre 2008 y 2009 y que le llevaron a recorrer buena parte de Suramérica, el África subsahariana y Japón.

Todos ellos con un denominador común y una misma filosofía: no gastarse más de 20 euros durante sus travesías.

Unas aventuras narradas de forma transparente para mostrar la experiencia personal que aporta viajar por el mundo huyendo de las masificaciones, las guías de viaje y los flashes de las cámaras fotográficas porque, tal y como reconoce en una entrevista con Efe, la única manera de saber cómo es una cultura es conociendo “como vive la gente”.

Por eso, con sus ojos claros, su pelo azul y su sonrisa contagiosa, anima a dar el salto a la gente que por “miedo” no se atreve a viajar como él, reivindicando que si uno “tiene ganas” puede hacer lo que se proponga.

Albert, a quien el tratamiento contra una leucemia infantil dejo en silla de ruedas, ha adoptado esta actitud desde los catorce años y, seis años después, la sigue manteniendo, con la diferencia de que ahora puede dedicar más tiempo a su pasión, ya que no se encuentra maniatado por el calendario escolar que le obligaba a realizar sus travesías coincidiendo con el periodo de vacaciones.

“Ahora me dedico un año a estudiar filosofía y otro a viajar, de manera que los viajes me los planteo de otra forma”, afirma.

De una manera sencilla explica que para hacer lo que hace no se necesitan grandes comodidades, a parte de “moverse, dormir, comer y ducharte”, y una gran dosis de empatía, algo que a su modo de ver es esencial para saltar las “barreras” que nos creamos.

Con su mueca alegre y cautivadora, explica con naturalidad como consigue comer cada día sin tener que pagar un céntimo, algo que bajo su punto de vista es “fácil” de conseguir si explicas lo que estás haciendo porque “todos tenemos una generosidad natural”.

A lo largo del relato, en el que se intercala sus experiencias, parte de sus diarios personales y los correos electrónicos que envió a familiares y amigos, Albert demuestra que la generosidad en las personas es innata, cosa que en sus aventuras le ha ayudado a poder superar selvas infranqueables, desiertos interminables o controles fronterizos impenetrables por la burocracia.

Lejos de sentirse especial – aunque sí un “poco raro” – admite sin tapujos que siempre ha hecho lo que le “ha dado la gana”, un espíritu libre en las antípodas de la visión tópica del hecho de ir en silla de ruedas.

Para Casals, éste es un elemento secundario que para él es como “llevar gafas”, con el añadido de que en algunas situaciones le ha sido “útil”, aunque no “imprescindible”, para tener un colchón o poder emprender un viaje en autoestop.

A pesar de no ser el adolescente que en 2004 decidió dar un salto a lo desconocido, sigue manteniendo el lema de hacer aquello que le apetece, que le hace feliz, como cuando cumplió 18 años y decidió celebrarlos con sus amigos en un “Chiqui park”.

“Las cosas que me gustan no dejan de gustarme por el hecho de hacerme mayor”, explica Albert Casals, que reconoce que “ahora mismo” necesita reposar después de su última aventura que le ha llevado a recorrer en autoestop la larga distancia que une Barcelona y Laos.


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