Seduccion de este dia. Yes, please (Bitter Conch)

 

Siguiendo en la linea de lo que os comenté en el post del otro día (lo he actualizado estableciendo otra metáfora), os dejo esta entretenida historia de seducción escrita por mi paisana, la periodista Bitter Conch, que publicó ayer en su blog.

Yes, please (Bitter Conch)

Siempre se ha dicho que el truco para elegir un buen sitio para comer en una ciudad desconocida es mirar la cantidad de gente que hay jamando dentro del restaurante, y ya, si dichos comensales parecen locales, el éxito está garantizado. Así hacíamos “N” y yo en Bilbao, que echamos de menos una ruta del pintxo con motivo del festival al que fuimos, como en nuestro SOS, con su mapica y todo. Habría sido todo mucho más fácil.

Ya en la segunda ronda de txacoli, nos paramos en una taberna de Las Siete Calles. A través del cristal pudimos ver, sentados en taburetes, ataviados con su boina, una típica cuadrilla bilbaína de viejunos simpáticos, uno de ellos hasta llevaba un acordeón. N, emocionada, me instó a entrar: “Tira pal fondo”. Y ahí, en el fondo, lo vi. Un guapetón sanote, enorme y rubiales, de los que me chiflan, sentado solico con su pintxo, en una mesa donde cabíamos cuatro. “¿Te importa si nos sentamos contigo?” – le pregunté. Y con una sonrisa me respondió: “Yes, please”. “Yes, please”, le contesté yo también, con la baba. (Anda que sí, menuda profesora de inglés, si me examino me suspendo). Y ahí que me esclafé, a su lado, mientras N pedía en la barra.

Al ratico, la cuadrilla de viejunos empezó con su folklore en medio del local. El guapetón los miraba con atención hasta que decidí pasar a la acción: “Yo tampoco soy de aquí”. (Ya, no es mi mejor frase, pero funcionó). Le conté que habíamos venido al festival, al mismo tiempo en que me fijé que no llevaba la pulsera para entrar. Y es que no tenía ni idea, él estaba de turismo y era australiano. “Grant”, nos dijo entonces con un apretón de manos y una sonrisa de las de estar genuinamente encantado de conocernos.

Poco a poco, Grant nos contó que era chef de un hotelaco en Sídney y que, de siempre, había sentido curiosidad por España. Año y medio antes había pedido que lo trasfirieran a un hotel de la misma cadena en Madrid o Barcelona e incluso recibió clases de español, pero cuál fue su chascazo cuando le dieron Ámsterdam de destino. Sin embargo, no se quedaría él con su espinita clavada y, una vez finalizado su contrato, se propuso recorrerse España en un mes. Y ahí estaba, tras Barcelona, Palma y Pamplona, en Bilbao con dos murcianas. “¿De Murcia? Voy para allá en un par de semanas”. Y cómo somos los murcianos, que nuestra primera reacción fue de extrañeza. “Con el calor que hace ¿qué se te ha perdido en Murcia, alma de cántaro?”. Lo había elegido por el nombre y por la playa. “Apúntate mi teléfono, guapo”.

Ya se vino con nosotras de taberna en taberna, calle tras calle, y paseando a lo largo de la ría, puente tras puente. Hablamos de mil cosas, de las tapas, de Australia, de los viajes, y le describimos nuestro delicioso caldero. A Grant le gustó la idea del arroz del Mar Menor y a mí más la idea de que cuando viniera a Murcia me lo llevaría a Cabo Palos a conquistarlo. Claramente era el hombre de mi vida: alto, viajero y chef, y era una historia fantástica para contarles a mis nietos. Yo lo veía cristalino, pero es que la peliculera de mi amiga N más aún, que casi casi estaba encargándose la pamela para nuestra boda, que dice que había mucha química entre nosotros.

Acabamos nuestro paseo con un café en la terraza del Guggenheim y tras cuatro horas de charla decidimos seguir caminos separados. Al extenderme la mano le lancé la cara para darle dos besos y él me dio tres, como hacen los holandeses. “Te llamaré cuando llegue a Murcia, y si no estás ocupada…”. Qué voy a estarlo, si lo apunté en mi agenda hace 2 horas.

Pero lo de siempre, que no puedo evitar ser escéptica, que “ya te llamaré” es la mentira más universal del siglo XXI. N dice que me llamará, también mis padres, mi hermano, mi cuñada, mis amigos… Más que nada por lógica. Pongámonos en situación: Si fueras australiano vagando solo por España y quisieras probar el caldero ¿a que me llamarías? Yes, please!

5 pensamientos en “Seduccion de este dia. Yes, please (Bitter Conch)

  1. Si le gustaste, ten por seguro que te llamará.
    También podría llamarte solo para tener una buena guía de Murcia.

    Si no te llama es que no era tan “güena” gente. Desde luego, si a mí en Australia una aussie se porta conmigo como tú, yo la llamaría sí o sí.

    Ya nos contarás.

  2. Pues yo creo que si te llamará, a ver, es simple. Un chico solo, extranjero, quizás sin tener claro donde va a estar al dia siguiente ni donde ir ni que hacer, que conozca una murciana guapa y simpatica, cae, las murcianas tenemos un encanto especial, somos sinceras y decimos las cosas de verdad y eso se trasmite.

    Una cosa, no pienses si te va a llamar, piensa en donde lo vas a llevar, en que quieres lograr y por supuesto, conseguirlo😉

    Un Saludo a todosss

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