Seduccion hacia la salud. Conectar con nosotros mismos

 

Hoy, un compañero psicólogo me ha enviado un e-mail con este gran artículo de abajo, escrito por una psicóloga llamada Cristina Llagostera. Nos habla sobre la excesiva valoración del pensamiento, de la razón y de la conexión con lo externo, por encima de las emociones y de lo que transcurre en nuestro interior, de la conexión con nosotros mismos.

En seducción se aplica justamente esta verdad. Si estás conectado contigo mismo y te sientes a gusto dentro de ti, conectas fácilmente con los demás, sin pensar, sin “saber” nada sobre seducción, sólo como consecuencia de ese bienestar interno y de estar conectado a ti mismo.

Me he sentido especialmente identificado con la frase de Hermann Hesse: “He dejado de hacer preguntas a las estrellas y libros; he empezado a escuchar las enseñanzas que me susurra mi sangre“.

Exactamente eso es lo que sentí a principios de año cuando publiqué vacaciones a mi mente: “Es hora de darle la bienvenida a algo no menos importante que la mente, que es el corazón: el imperio de las sensaciones, las emociones, los sentidos, las experiencias sentidas en uno mismo“.

Aquí el artículo:

Conectar con nosotros mismos. Artículo de Cristina Llagostera

A veces somos demasiado racionales. Y mucha gente decide no atender ni al lenguaje del cuerpo ni a las intuiciones ni a las emociones. A costa de no conocernos bien y perder el rumbo.

Una paradoja de nuestra época es que el ser humano es capaz de viajar por el espacio, estudiar la estructura íntima de la materia o cartografiar su propio mapa genético, pero seguir siendo un desconocido para sí mismo. Nuestra atención se proyecta continuamente hacia fuera, fascinada ante la complejidad y los misterios del mundo. Contamos con conexiones fáciles e instantáneas con el exterior -Internet, televisión, móviles…-, pero quizá no sabemos cómo acceder a nuestro interior.

Descuidar esta conexión sin duda tiene un precio. Sensaciones de vacío, sinsentido y confusión señalan de manera más o menos intensa que se ha perdido ese contacto íntimo con la propia esencia. Y vivir volcado hacia fuera puede hacer que se pierda una parte importante de la experiencia: la que transcurre dentro.

Las emociones, las sensaciones, los mensajes del cuerpo, los pensamientos, la voz de la intuición aportan la información más constante y directa de que disponemos. Solo desde esta conexión interna una persona puede estar centrada, sabiendo quién es y hacia dónde desea dirigirse.

Una capacidad natural

“Cuando el hombre descubrió el espejo empezó a perder su alma” (Erich Fromm)

Hay personas que logran mantener viva esa conexión consigo mismas, e incluso utilizarla para diferentes fines, mientras que para otras supone una sensación lejana, casi olvidada. Cuando somos niños poseemos esa capacidad de manera natural. Sin embargo, con el tiempo esta comunicación puede ser interferida. En esa desconexión influye, por un lado, la primacía que se otorga a la razón por encima de otras funciones como percibir o sentir. Se confía en lo que se puede comprobar o palpar, mientras que se relega lo subjetivo a un papel casi insignificante.

Por otro lado, la capacidad de ser conscientes supone un arma de doble filo. Conecta a la persona con su realidad interna, pero también bloquea lo que no se ajusta a lo establecido.

Vivir desconectado

“Cada día sabemos más y entendemos menos” (A. Einstein)

Perder esta conexión conlleva consecuencias. Algunas personas, por ejemplo, descubren en algún momento que su vida no es lo que querían, pues quizá se han dejado llevar por las circunstancias sin preguntarse más allá. No resulta agradable sentirse un extraño con uno mismo. Sucede sobre todo cuando alguien busca adaptarse tanto a lo que se espera de él o mantener una buena imagen, que termina olvidando quién es realmente.

También hay personas que escapan continuamente del contacto consigo mismas, llenando sus horas con actividades, relaciones, adicciones… Cuando cesan las distracciones externas y se hace el silencio aparecen con más fuerza los miedos o carencias no resueltos.

Crear puentes

A veces, el sufrimiento o la enfermedad implican una entrada rápida a una mayor conciencia de uno mismo. Sin embargo, es preferible no esperar a encontrarse en una situación crítica; en cualquier instante, una persona puede empezar a crear puentes que conecten con diferentes niveles de su experiencia interna. Estas son las vías:

1. El diálogo interior

“El lenguaje es la casa del ser” (Heidegger)

Un primer contacto puede ser observar el diálogo que se mantiene con uno mismo. Allí se condensan gran parte de los pensamientos, ideas, preocupaciones y obsesiones que ocupan la mente. Estos diálogos ocurren de manera continua, seamos conscientes o no, y pueden aportar una información valiosa sobre uno mismo. Las palabras, el tono, la manera de expresarse, incluso a nivel interno, ejercen una gran influencia. Nos sentimos muy diferentes al hablarnos de manera crítica o despectiva que si predomina un tono comprensivo y tranquilizador. Buscar el silencio o la quietud permite empezar a escuchar ese diálogo.

2. El cuerpo

“He dejado de hacer preguntas a las estrellas y libros; he empezado a escuchar las enseñanzas que me susurra mi sangre” (Hermann Hesse)

A veces vivimos escindidos del cuerpo, considerado comúnmente como el hermano tonto de la cabeza. Al no entender sus cambios, su lenguaje, ni el sentido de los síntomas, se presta poca atención a sus mensajes. Más bien se intentan controlar o tapar esas señales cuando resultan molestas u obligan a modificar los planes. Sin embargo, el cuerpo es el canal de conexión entre el mundo exterior y el interior. A través de él experimentamos y percibimos la realidad, y a la vez refleja nuestra historia. Cada síntoma o manifestación corporal dice algo de nosotros.

Quizá no podamos comprender siempre sus razones, pero es preciso aprender a confiar más en la sabiduría del propio cuerpo. En lugar de bloquear sus señales, se puede optar por escucharlas. En vez de desconectar de las sensaciones, se pueden utilizar como indicaciones útiles.

3. Las emociones

“Las emociones, cuando se integran con la razón, nos hacen más sabios” (Leslie S. Greenberg)

También las emociones han sido consideradas inferiores a la razón, como un vestigio de nuestra parte más primitiva e instintiva. No es de extrañar que produzca tanto miedo adentrarse en ellas.

La emoción es ciertamente más antigua que la razón, pues constituye un tipo de inteligencia más instantánea. Si se despierta miedo o rabia, todo el cuerpo se prepara para la acción, pues ante un peligro real no hay tiempo para pensar. Sabemos que dejarse llevar por la emoción puede suponer un problema, pero ignorar o reprimir lo que se siente, también, pues la tensión emocional acumulada tiende a desbordarse. Una buena medida es mantener una conexión continua con las propias emociones, lo cual suele ser garantía de una mayor capacidad para encauzarlas. La emoción es un indicio que informa de cómo estamos viviendo algo y, bien utilizada, puede ayudar a resolver situaciones o mejorar la relación con los demás.

4. El inconsciente

“La mente es un profundo océano, pero nosotros solo logramos ser conscientes de la leve espuma de la superficie” (Henry Laborit)

El inconsciente, más allá de la visión negativa que a veces se tiene de él como un sumidero de impulsos o recuerdos reprimidos, constituye una parcela enorme de la mente (se le atribuye en torno al 85% de la capacidad cerebral) repleta de posibilidades aún desconocidas.

La mente consciente se encarga de razonar, discriminar, analizar la información y tomar decisiones. La mente inconsciente actúa de manera totalmente distinta: controla las funciones involuntarias del organismo, capta y almacena toda la información de los sentidos y contiene la memoria emocional. El psiquiatra Carl Gustav Jung lo definía como un pozo inabarcable de información al que es posible asomarse para aprender tanto acerca de uno mismo como del mundo.

Las intuiciones, los sueños, los momentos de inspiración tienden un puente entre consciente e inconsciente. Nuestra mente almacena muchos datos, impresiones y percepciones que no conocemos, pero que en un momento dado pueden aflorar a la superficie. Contamos con una sabiduría que va más allá de la razón, y que se muestra de manera más clara cuanto más conectamos con nosotros mismos.

Mantener el ancla

“No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo” (Juan Ramón Jiménez)

Conectar significa unir, establecer una comunicación. Hemos llevado muy lejos nuestra capacidad intelectual, pero quizá hemos olvidado que existen otros medios para aprehender la realidad: la inteligencia del cuerpo, de las emociones, del inconsciente… Se trata de conocimientos simplemente diferentes, complementarios a la razón. Cada persona puede buscar en su interior la sensación de estar conectada. Quizá recuerde un momento en que se sentía especialmente relajada y lúcida. Estar en contacto con uno mismo es como mantener un ancla que permite mantener la calma y firmeza interior.

2 pensamientos en “Seduccion hacia la salud. Conectar con nosotros mismos

  1. En mi mundo,al final, con la razón no consigo nada, no esforzandome, no pensando, ni decidiendo para conseguir algo. Actualmente, lo más importante que se ha vuelto en mi vida,que es el dormir, porque por causas diversas no lo consigo por cosas de ansiedades, trastocados horarios,calor ,etc etc. Tengo el dormir en un pedestal, y siempre intentando metodos de razonamiento como tomar durante unos días horas obligadas de despertarse y acostarse,aunque sacrifique un dia muy cansado, despejarse un rato cuando no se pueda mientras, beberse un vaso de leche, hacer ejercicio. Al final, siempre acabo durmiendo un dia cada 2 en el que ya esoty demasiado cansado. La cosa es que tuve una época, que sentí que descansaba de verdad, porque dejó de importarme las cosas, por las noches que mi mente se pasa mucho tiempo zumbando, esos dias( que coincidian con un viaje a roma) la mente estaba como de fondo, no era yo hablando y decidiendo por dentor,era como algo que ni le prestaba atencion. Yo que había decidido pasar de dormir y de todo,dejar que venga cualquier cosa y disfrutar cada momento, que esos momentos de no conseguir dormir,eran experiencias en la vida :O. La cosa,es que esas vacaciones por dormir,fueron vacaciones de verdad!
    Y ahora, no se si es porque tengo que matarme a estudiar o no, vuelven los antiguos días de no dormir por las noches.Que no importan demasiado porque estudio por las noches mejor.
    Y sin saber que fué, si en verdad pude dormir bien esos dias, por pasar de todo, o porque me maté literalmente a andar cada dia en roma esas vacaciones.

  2. Cuando conectamos con nosotros mismos y escuchamos quiénes somos y qué queremos realmente nuestra vida cambia. 😉

    Dentro de mí encontré la calma que buscaba afanosamente en el exterior,en cosas o en personas… 🙂

    Yo tenía un desasoshiego parecido al que comenta Derkyn, no dormía bien, me iba al gimnasio, a andar, leía hasta las tantas de la noche, tomaba tila e incluso somníferos…¡era un alma inquieta en un cuerpo más inquieto todavía!

    Vista desde fuera, podía parecer que estaba rebosante de energía, de felicidad y de vida..pero por dentro era un caos, no sabía leer “mi brújula”. 😉

    Cuando me serené,cuando me pregunté seriamente qué era lo que quería y me paré a escucharme, encontré las respuestas que buscaba fuera, dentro de mí.

    Me volví una filósofa de mí misma (puede sonaros a rollo patatero, yo pensaba que me estaba volviendo loca,la verdad,jee!) 🙂

    Y encontré herramientas y personas que me ayudaron a sentir que conectarme conmigo misma, era el primer paso para sentirme bien y poder disfrutar, realmente, de todo lo que me rodeaba… 🙂

    Me ha encantado el post, como siempre,jee!

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