Seduccion. Un estudio cuestiona los prejuicios sexuales sobre el emparejamiento.

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Post de El Violinista

Hoy he encontrado, aquí, una noticia sobre uno de esos estudios experimentales que me encantan leer, que son los que desmitifican que existan tantas diferencias entre sexos; los que demuestran que lo genético NO determina en absoluto nada y, sin embargo confirman, que lo ambiental (lo aprendido) es de vital importancia.

Como bien decía aquél biólogo de este link: “Los genes son un conjunto de influencias, que en su mayoría desconocemos, y que interaccionan de manera complejísima con el ambiente”.

¿Resumen de la noticia de abajo?

1) Dudan que haya tantas diferencias entre hombres y mujeres, por ejemplo, en cuanto a eso de que los hombres sean más promiscuos y las mujeres más selectivas.

2) Y que, si todavía existen esas diferencias, dependen no tanto de lo genético, sino de otras variables como: sesgos en la mortalidad por sexos, la tasa de sexos, la densidad poblacional y la variación en la calidad de las parejas.

Aquí la noticia completa: 

Un estudio de la Universidad de Saint Andrews en Reino Unido desafía las ideas preconcebidas de que los hombres son promiscuos y las mujeres tienden a ser más cuidadosas a la hora de elegir pareja.

La investigación, que se publica en la revista ‘Trends in Ecology and Evolution’, sugiere que en cuanto a las estrategias de emparejamiento humanas no existe un único patrón universal y proporciona nuevos datos que podrían tener impacto sobre futuras investigaciones sobre las conductas de emparejamiento.

En 1948, el investigador Angus J. Bateman realizó unos famosos estudios en moscas de la fruta que mostraron que los machos tienen una mayor variación en el número de parejas sexuales y en el éxito reproductivo que las hembras. Además, Bateman demostró que existía una relación más fuerte entre el éxito reproductivo y el número de parejas sexuales en los machos que en las hembras.

Bateman concluía que, debido a que un único óvulo es más costoso de producir que un espermatozoide, la descendencia producida por una hembra se limitaba a su capacidad para producir óvulos, mientras que el éxito reproductivo del macho se limitaba al número de hembras inseminadas. Estos estudios apoyaron la convención de que los animales machos son competitivos y promiscuos mientras que las hembras no son competitivas pero sí exigentes al elegir.

Según explica Gillian R. Brown, director del estudio, “la visión convencional de machos promiscuos y sin sentido crítico y las hembras exigentes se ha aplicado a nuestra propia especie. Intentábamos realizar una revisión integral de la teoría de la selección sexual y examinamos datos sobre la conducta de emparejamiento y el éxito reproductivo en las poblaciones humanas actuales para aumentar nuestro conocimiento de los roles sexuales humanos”.

El equipo de Brown examinó la aplicabilidad universal general de los principios de Bateman. Para probar una de las suposiciones de este investigador, comprobaron datos sobre la diferencia en el éxito reproductivo de hombres y mujeres en 18 poblaciones humanas.

Según los autores, aunque el éxito reproductivo de los varones varió más que el femenino de forma global, se descubrió una enorme variabilidad entre las poblaciones. Así, en el caso de las sociedades monógamas, la variabilidad en el éxito reproductivo de hombres y mujeres fue muy similar.

Los investigadores también examinaron los factores que podrían explicar la variación en las poblaciones humanas que no se ajustan a los pronósticos de los roles sexuales universales.

“Avances recientes en la teoría evolutiva sugieren que los factores como los sesgos en la mortalidad por sexos, la tasa de sexos, la densidad poblacional y la variación en la calidad de las parejas tienen un mayor impacto sobre la conducta de emparejamiento de los humanos”, explica Brown.

Según el investigador, los conocimientos que se adquieran sobre esta nueva perspectiva tendrán importantes implicaciones sobre cómo concebimos la conducta sexual masculina y femenina.

4 pensamientos en “Seduccion. Un estudio cuestiona los prejuicios sexuales sobre el emparejamiento.

  1. Es que, aún desde el desconocimiento de la genética, es tan sencillo constatar, que la sexualidad humana ha trascendido, tan por encima del plano reproductor, hasta en las tribus más primitivas, que no me parece nada acertado, compararnos en ese aspecto ni con moscas, ni con especies tan lejanas al grado de evolución y libertad de acción y elección, que el hombre ha alcanzado.

    Esas especies copulan y procrean, como si esa función, constituyese la necesidad y finalidad más importante de su existencia.
    Pero el ser humano, NECESITA, muy por encima de la satisfacción de su instinto sexual y de reproducción (que no dudo esté inscrito, también en nuestros genes), saciar esa “sed de la piel”, esa necesidad de la caricia (que ya se puede apreciar en los primates) para alcanzar ese vínculo afectivo y ese sentimiento que llamamos amor.(propio y hacia los demás).

    El ser humano necesita amor para que su vida tenga sentido y valor.

    Esa necesidad de sentirse aceptado, integrado, y deseado, y ese sentido de pertenencia, más que de posesión, para no SUFRIR la soledad y el desapego, o desamor; esa necesidad de seducir y la capacidad para aprender a seducir, dado que las, llamémosle técnicas de seducción, varían más, por las diferentes culturas, que por el sexo, (sin embargo, el ritual de cortejo del avestruz, por ejemplo, no varía nunca, y viene ya inscrito genéticamente. ¡no tienen que aprender a seducir!)… esas necesidades y capacidad genuina y diferencialmente humanas, están muy, muy por encima, y yo creo que desvinculadas del simple y primitivo deseo de cópula.
    De hecho, está probado, las graves deficiencias en su desarrollo físico, mental y emocional, que puede ocasionar en un bebé (varón, o hembra), la ausencia de abrazos y caricias… la ausencia de ese peculiar contacto con otra piel y esa comunicación insustituible y necesaria de amor. Además, que el ser humano, voluntariamente puede optar libremente por el celibato. Eligiendo por encima de su instinto, si copular y reproducirse, o no hacerlo, en aras de algún ideal más elevado, según su criterio propio.

    Por ello, la sexualidad humana, naturalmente se ha ido sofisticando, y ya no solo reside en sus genitales, como en los animales, sino en toda la extensión de piel que cubre nuestro cuerpo y, por supuesto, en nuestra mente. (Cada vez son más los sexólogos que afirman, que el verdadero punto G está en el cerebro) Y la mente se cultiva y se va formando, fuertemente influenciada por el entorno, precisamente para adaptarnos, y lograr esa integración, que nos permita alcanzar esos lazos afectivos, que nos unen a los demás, para proveernos y proveer, más allá y prioritariamente al sexo, de compañía, caricias, reconocimiento e intimidad, siendo esa necesidad de intimidad, otro peculiar rasgo de la sexualidad humana, que la diferencia notablemente de otras especies.

    Por eso, me parece tan tremendamente lógico creer, que son las diferentes culturas, y no la genética, las que imponen esas diferencias en el rol, o papel, que deben desempeñar en la sexualidad y en la sociedad establecida, el hombre y la mujer, además del ejercicio, que cada persona haga de su libertad, por encima de la genética; y no me sorprende, la progresiva (aunque lenta😦 ) desaparición del machismo y sociedades falocráticas, y la aparición del metrosexual (el hombre intentando adaptarse a una nueva igualdad, que el movimiento feminista promovió) o el reciente neosexual, de clara influencia también en la ciencia, que cada vez más, se va encaminando a demostrar esa igualdad, que la mujer actual, adaptada por su incorporación a la cultura, demanda y necesita, para vivir su sexualidad.

    Diferencias, sí que existen, entre el hombre y la mujer, maravillosas diferencias físicas y biológicas y que a mí particularmente ¡me encantan!😛 Pero ninguna coloca a uno por encima del otro, no somos más o menos sexuales, más o menos promiscuos, ni más o menos selectivos por naturaleza, sino que adaptamos la expresión de nuestra idéntica, complejísima y evolucionada sexualidad humana, para encajar lo mejor posible en la sociedad; y los más inteligentes y valientes, jeje, consiguen también, ir cambiando un poco la sociedad, para adaptarla a la imparable evolución de los seres humanos, hacia la igualdad, pero desde el valor y el respeto a las diferencias, de raza, de ideas, y por supuesto de sexo, derivados de la Libertad, que me parece la más extraordinaria característica diferencial entre la sexualidad humana y las moscas cohoneras, jeje, atrapadas y dirigidas aún por la genética, y carentes de voluntad propia.

    Desde luego, desde mi ignorancia científica, solo desde una experiencia sencilla y cotidiana, mi concepto de la conducta sexual masculina y femenina, no solo nos iguala a ambos sexos, sino que nos acerca, atrae y vincula con ese lazo, tan frágil como poderoso del amor y el fascinante erotismo, en mi opinión, privilegio exclusivo también de nuestra especie, e intimamente ligado y derivado de la igualdad sexual y un mismo lenguaje afectivo y corporal común e igualitario; igualdad demostrada en esos Principios Universales de Seducción… No sé cómo querrá demostrarlo la Ciencia, pero en lo que a mí respecta, como soy mujer, no me cabe duda, que ni soy menos competitiva que mi churri, ni él menos selectivo que yo… ¡Amos! si precisamente me sedujo por tener un gusto tan selecto, que entre tanta loba compitiendo por él ¡¡me eligiera a mí!!😉

    Jugue.

  2. Ahí le has dado, Juguetona, que muchos hombres somos muy selectivos 8) como tu churri jeje, al igual que muchas mujeres, por eso La Flautista y yo, al conocernos, nos elegimos mutuamente😉

  3. ¡Eso es seguro!😉 Por eso aquellos que crean, que son más machos y atractivos, mientras más promiscuos y menos selectivos, ¡se pierden las mujeres con gustos tan exquisitos, que solo elegimos hombres excelentemente selectivos! 8)

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