Seduccion de este día. ¿Son viables las parejas abiertas?

Os dejo este artículo que encontré en la Vanguardia -Estilos de Vida- que plantea el debate sobre si es posible tener una pareja estable, y al mismo tiempo, poder estar con otros/as y que eso esté permitido, acordado por ambos.

A mí, personalmente, me van las relaciones, o totalmente libres, sin compromiso alguno, o tradicionales, con exclusividad sexual. Las dos cosas, a la vez, es un lío, no van conmigo ;)

Aquí el artículo.

¿Son viables las parejas abiertas?

Ingredientes para una relación abierta: se cuece a fuego lento la estabilidad de la pareja y se añade al gusto la sal y la pimienta de la aventura consentida. ¿Qué tal sienta este plato?

Sin secretos, sin mentiras, sin tener que inventarse una reunión de última hora en el trabajo para estar con otra persona. En una relación abierta, ambos miembros de la pareja (que llamaremos primaria) acuerdan que pueden tener otras relaciones (a efectos de no confundirnos, las llamaremos secundarias). La pareja primaria tiene un proyecto de vida más o menos claro: vivir juntos, tener hijos, etcétera. Ambos sienten que esa pareja es la más importante, la que estructura su vida afectiva, donde reside el amor con mayúsculas. Se cuidan afectiva y materialmente. Pero pueden disfrutar de otras relaciones cortas o que duren años, canas al aire, amigos especiales, noches de intercambio de parejas…

La libertad de vivir lo que uno necesita, en el plano sexual o afectivo, sin perder los beneficios de una pareja estable es la motivación que mueve a las personas que deciden establecer algún tipo de relación abierta. Algunas solamente buscarán sexo y otras, en cambio, una mezcla de sexo y afecto. Como explica Fernando (nombre ficticio), de 44 años,

“a medida que cumples años el sexo es una motivación menos importante. Yo no busco sólo sexo, sino afecto, relaciones con otras personas. Creer que sólo hay una persona para ti en toda la vida va contra natura. Para mí la infidelidad es el engaño, no el hecho de estar con otras personas”.

Fernando y su mujer llevan juntos más de veinte años y tienen dos hijos. Se permiten vivir “otras historias”. Incluso, integran a las terceras personas en su propia vida. “Cuando rompí con una de mis parejas, mi mujer lo pasó peor que yo. Se habían hecho muy amigas, y ella sentía más la pérdida”. Hasta tal punto llega su sinceridad, que su hijo mayor, de veinte años, sabe que sus padres no son lo que se considera normalmente como una pareja convencional. “Y al pequeño también se lo explicaremos, cuando llegue el momento”.

Cada pareja abierta pacta sus condiciones. “Conocemos a parejas abiertas que no se dan ningún tipo de información de sus historias”, señala Fernando. Pero otras se lo cuentan todo: lo que han hecho, cómo lo han hecho, si les ha gustado… En unas parejas se permite que en las relaciones secundarias ­sólo haya sexo, en otras que haya sexo más afecto; en otras, la regla es que no se repita más de dos veces con otra persona, o no enamorarse, o que algunas prácticas sexuales se excluyan… “Yo me he ido con mi mujer y mi pareja secundaria de vaca­ciones”, explica Fernando. ¿Y cuando había que decidir con quién dormir o con quién hacer el amor? “Bueno, son temas que hay que ir hablando”.

Las estadísticas indican que, aproximadamente, el 60% de los hombres y el 40% de las mujeres han sido infieles por lo menos una vez. Y estos datos no incluyen a las personas que quieren ser infieles y no pueden, por ejemplo, por la incapacidad de encontrar con quien. En consecuencia, las parejas abiertas cubren un nicho de mercado que no ­contemplan ni las relaciones cerradas ni la monogamia sucesiva ni la infidelidad: la posibilidad de vivir sin culpa y sin castigo otras relaciones sexuales o afectivas sin renunciar al calor del hogar. En teoría, claro. Porque en la práctica, ¿son viables las parejas abiertas?

“No a medio o largo plazo”, explica Antoni Bolinches, psicólogo clínico y terapeuta de pareja. Entendiendo la viabilidad en el sentido de que ambos miembros de la pareja estén satisfechos con la relación. “Más o menos el cinco por ciento de las parejas estables intentan convertirse en parejas abiertas. Y de estas, tres de cada cuatro se rompen”. En cambio, Valérie Tasso, sexóloga y escritora, considera que son viables, pero “exclusivamente para las personas que se preparan para ese tipo de relación, se introducen de manera progresiva e inteligente y cuidan sus sentimientos y los de la pareja”. Y lo afirma no sólo como sexóloga, sino también desde su experiencia personal: “Algunas de las relaciones que tuve fuera de la pareja fueron muy bien; otras me colocaron al borde del precipicio. Y se acabaron porque ya habían cumplido su objetivo o ponían en riesgo inútilmente mi relación de pareja o la de ellos”.

Los riesgos o las dificultades que tienen que afrontar las parejas abiertas no son pocos. Y pueden desembocar en la ruptura de la pareja primaria. Aunque una de las cláusulas habituales en los contratos de las relaciones abiertas es que no está permitido enamorarse de otra persona, o por lo menos enamorarse con más intensidad que de la pareja primaria, en realidad todavía no se ha podido inventar la pastilla que lo impida. Así que uno de los grandes riesgos que existen en este tipo de relaciones son sobre todo los celos. “Hay personas que están en una pareja abierta y creen que pueden ­sobrellevar esos celos. Pero cuando su pareja viene de tener una aventura, la tratan peor”, explica María del Martín, psicoanalista del Espacio Psicoanalítico de Barcelona.

No todo el mundo está preparado para disfrutar de una relación de este tipo. Aunque se vea capaz. “Hay personas que creen que les gustará –apunta María del Mar Martín–, porque piensan que es lo moderno o que vivirán en absoluta libertad”. E ingresan voluntariamente en un infierno de celos o culpa. “No todo el mundo puede estar bien en una relación abierta. Hay gente a la que la moral no le da para tanto, aunque crea que sí. Por un lado, les gustaría vivir de esa manera, pero algo muy fuerte en su interior, los celos o la culpa, se lo impide. No se trata sólo de querer, sino de ser capaz de estar bien”. Así que lo importante no es “pensar si quiero o no una relación abierta, sino qué tipo de sexualidad y afectividad necesito”. Además, muchas parejas empiezan siendo abiertas, pero pasan los años y uno quiere modificar el contrato y pasar a una relación cerrada. Pero el otro no desea cambiar. “Es el caso de una pareja que venía a terapia. Les fue bien como pareja abierta unos años. Pero ella quiso que la pareja se cerrara y él no aceptó. Y rompieron”.

Otros riesgos de las parejas de este tipo son que uno de los miembros de la pareja primaria se enamore demasiado de un tercero, que se enganche sexualmente, y que eso lleve a que se produzca un alejamiento afectivo entre los miembros de la pareja porque uno u ambos se implican cada vez menos en la pareja primaria y más en las secundarias… A pesar de ello, para Yves-Alexandre Thalmann, psicólogo, las relaciones abiertas son viables. O, por lo menos, no son menos viables que las relaciones cerradas. “La aventura de la pareja es delicada ya sea abierta o tradicional. Si el 2%-3% de las parejas se divorcian, significa que tienen problemas. Pero se divorcia más del 50%. Y eso significa que el modelo tiene un problema: ¡la pareja convencional ya no le conviene a más de la mitad de la población!”.

Aunque preguntado por los riesgos intrínsecos de las relaciones abiertas no duda en responder: “¡Coja los riesgos de una pareja tradicional y multiplíquelos por el número de relaciones! La ventaja es que ofrece una base de seguridad, al revés de lo que viven las parejas tradicionales, que rompen con una pareja, empiezan con otra, rompen de nuevo, empiezan con otra”. Sin olvidar que hay un problema de agenda, “ya que las relaciones exigen su tiempo, algo complicado en una sociedad tan estresante”.

En algunos casos, las parejas abiertas se ven en un callejón sin salida. Y deciden iniciar una terapia de pareja. Como explica Antoni Bolinches, “suele ocurrir que el hombre quiere una pareja abierta y la mujer piensa que o acepta o lo pierde”. Aunque cada vez más mujeres toman la iniciativa para plantear este tipo de relación, “en cuatro de cada cinco parejas abiertas la iniciativa es del hombre”. Y muchas mujeres tienen un conflicto entre su moral y el placer que podrían encontrar en una relación de este tipo. “Acostumbran a necesitar un vínculo afectivo más fuerte para tener sexo. Muchas sienten que su pareja nos las quiere lo suficiente cuando les plantean estas relaciones.

Si vienen a terapia, después del trabajo terapéutico dos tercios de las mujeres rechazan este tipo de relación. Y un tercio lo acepta porque descubre que les funciona”. ¿Y si es la mujer la que quiere una relación abierta y el hombre no lo ve claro? “El hombre es menos plástico; si no quiere una pareja abierta no suele hacer un esfuerzo. Pero, aunque el hombre haya querido esa relación, también lo puede pasar mal, porque sabe que su mujer tiene más riesgo de enamorarse que él”. ¿Y suele ser así? “Sí, en muchos casos ella se enamora de otro hombre, y este le propone una pareja cerrada”. Y ella hace el cambio.

Y ¿cómo podrían ser viables las parejas abiertas? María del Mar Martín pone el acento en dos condiciones para ella fundamentales: “Que ambos tengan el mismo deseo de pactar una relación abierta. Y, además, que cuiden la pareja primaria. Conseguir que eso que la hace especial siga siendo especial, ya sea un proyecto de vida o un amor superior a los demás”. Además, para Valérie Tasso es primordial que haya “una magnífica gestión emocional por parte de ambos miembros de la pareja, un conocimiento profundo de lo que se hace y una claridad meridiana en cada paso que se da”. En este sentido, el diálogo fluido y constante es una de las claves para que una pareja abierta funcione a largo plazo.

“Y para mí lo más importante es la confianza”, añade Raquel Gutiérrez, de 33 años, que ha vivido ya dos relaciones abiertas. “El hecho de que yo sepa y sienta con seguridad que soy la persona más importante para mi pareja aunque esta tenga otras relaciones. Si mi pareja me cuida, y yo la cuido, y la relación está consolidada, una relación abierta puede ser muy enriquecedora. Pero hay que plantear abrirla cuando está consolidada. No en la fase de enamoramiento, sino cuando las bases son firmes”.

¿Y las terceras personas?, ¿cómo llevan saber qué son el segundo plato? “Pues mal”, confiesa Fernando. “A veces, me ha llamado mi mujer mientras estaba con una amiga y hemos hablado de nuestras cosas. Y mi amiga ha estado muy incómoda. Mi mujer y yo compartimos sinceridad, que para mí es la clave de que una pareja abierta funcione. Por eso nunca dejaré a mi mujer. Sé –concluye Fernando– que no encontraré a otra como ella, con la que plantear una relación abierta”.

¿Cómo querer a dos personas (o más) a la vez?

Aunque muchas parejas abiertas sólo se permiten mantener relaciones secundarias puramente sexuales, otras se permiten que esas relaciones incluyan algún tipo de afectividad. Incluso, hay personas que consideran que se puede amar a dos o más personas a la vez. Es lo que se conoce como poliamor. Como explica Yves-Alexandre Thalmann en su libro Las virtudes del poliamor, “el amor sentimental y erótico se puede vivir con muchas personas simultáneamente”. Hay diversas maneras de vivir el poliamor. Y la pareja abierta sería una de ellas “desde el momento en que se ponen sentimientos en relaciones anexas y se hace de forma explícita y no a escondidas”. Pero los poliamorosos puros pueden mantener dos o más relaciones al mismo nivel. Por ejemplo, una mujer que vive con dos hombres, a los cuales considera su pareja. En cambio, en las parejas abiertas siempre debe haber una relación primaria, que es la más importante.

Salir del armario

“Mis amigos lo saben, pero no mi padre. Pero hay gente que no cree que yo pueda amar a mi pareja y querer estar con otras personas”, dice Raquel. “Nosotros se lo decimos a la familia y los amigos, pero no queremos que se enteren en la empresa de mi mujer, ya que es una empresa conservadora”, cuenta Fernando, que añade que “la sociedad juzga peor a una pareja abierta que a un infiel. Por eso creo que las parejas abiertas aún tienen que salir del armario”. ¿Y por qué cuesta tanto aceptar que dos adultos pacten un tipo de relación diferente? Valérie Tasso considera que “nuestra sociedad no concibe el erotismo fuera de la pareja; por eso es tan difícil que las parejas abiertas prosperen”. Y, para Yves-Alexandre Thalmann, una de las claves de este rechazo a las parejas abiertas es que, en realidad, “cuestionan nuestro condicionamiento social: desde nuestra más tierna infancia estamos condicionados a creer en el amor único, en el hombre o la mujer de nuestra vida. Es duro darse cuenta de que eso no es verdad”.

* * * * *

Si quieres leer más post de tu interés, puedes encontrarlos ordenados en la Guía de la Web.

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6 pensamientos en “Seduccion de este día. ¿Son viables las parejas abiertas?

  1. Se puede :D

    Casi dos añicos y medio con mi señó lo confirman, y cada vez me pone más ^^

    (digo… le quiero más…)

    Pareja estable y posibilidad de estar con quien apetezca. Hace que él sea aún más apetecible.

  2. Pues, no sé yo si será por aquello de que desaparezca el morbo de lo prohibido, que a mí, si me dan el visto bueno a la posibilidad de estar con quien quiera, ¡me desmotiva! :? Me desmotiva la pareja, y, pierde más gracia, ó disminuye la atracción, ó el poder tentador de las demás opciones que se me puedan presentar; y mira que nunca he cedido a las múltiples tentaciones de ser infiel, que he podido tener, hasta ahora (que curiosamente siempre son más numerosas que cuando estoy sin pareja)… Y es que ¡me resulta exitante rozar el peligro que supondría caer en alguna de ellas! jajja; como también, el hecho de no saber nunca si mi pareja podría ceder a alguna que otra tentación, le suma encanto y un toque exquisito de sal y pimienta a su sabor…

    Jugue.

  3. Yo me conformo con prohibiciones que puedo manejar. Una vez le prohibí a mi señó los besos con lengua durante una semana.

    Fue sugerente, excitante y divertidísimo. Claro que, al final nos saltamos la prohibición, pero no sin antes explotar las múltiples posibilidades de los besos sin lengua. A falta de pan, buenas son tortas :D

  4. Eso desde lengua! digo luego ;) Pero que mejor pan y tortas, no?

    Está claro, que si las parejas abiertas no resultaran atractivas, ni ofrecieran más ventajas que inconvenientes a muchísima gente, y se tratara solo de raras excepciones, nadie se tomaría la molestia de hablar del tema. Para gustos los colores, y en las preferencias y acuerdos que tomen de mutuo acuerdo dos personas en los que ambos sientan que mejoran y enriquece la relación, no existe siquiera el debate si es posible ó no; y si funciona, aunque solo fuese a una pareja en el mundo ¡a la vista está que es posible! Pero exactamente igual que las parejas monógamas, que después de 30 años sigan encontrando exitante, sugerente y divertida su relación , y esa fidelidad les mantenga enamoradísimos y fieles… Pueden exisitir tantas fórmulas y acuerdos diferentes posibles como parejas que funcionen.

    Jugue.

  5. Yo opino mas que una pareja abierta es la forma de forzar mantener una relacion cn la que aunque pensaran que acertaron con la persona adecuada en realidad no lo es, y las parejas secundarias son lo que harian despues de dejr a esa pareja que se equivocaron y fuerzan en mantener.

    Yo estoy con mi novia y no quiero estar con otra mujer porque para mi ella es la mejor, si ella es la mejor para mi ¿que sentido tiene querer estar con otra? quiero estar con la mejor, que para mi es mi novia.

    En parejas anterires esto no me ha pasado, y ciertamente habia veces ue queria estar como veces que no, sencillamente fueron equivocaciones y en el pasado quedaron, y al fin encontre a la persona que amo, y como la amo cada segundo me gusta dedicarselo especialmente a ella.

    Pero esto es solo mi opinion, respeto a los que opinen diferente, total, cada cual con su vida mientras sea feliz.

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