Seduccion hacia la salud. El beneficio de comer acompañado

Como hemos comentado en numerosas ocasiones, si lo que quieres es seducir, antes de nada, lo primero de todo, es sentirte bien contigo mismo/a. :)

¿Cuánto tiempo hace que no disfrutas de una buena cena o comida compartida con amigos/as y te diviertes conversando de mil cosas con ellos/as? Si quieres comenzar a sentirte bien, podrías empezar por ahi, por disfrutar comiendo acompañado con amigos o amigas.

Aquí os dejo un artículo publicado en la Vanguaria que nos habla de los beneficios de este buen hábito.

El beneficio de comer acompañado

El individualismo va al alza y el ritmo de vida es muy frenético, así que comer en familia es a veces difícil. Eso sí, vale la pena: muchos estudios han demostrado que compartir mantel con familia o amigos nos hace estar más sanos y más felices.

Piense en algunos de los momentos más importantes de su vida. Su primera cita romántica, aquel cumpleaños, esas vacaciones en familia, su boda, el nacimiento de su primer hijo, el décimo aniversario, cuando ascendió en el trabajo… Y ahora piense, ¿qué tienen en común todos ellos? Seguramente, entre sus recuerdos, hay una buena mesa en la que compartió, junto a sus seres queridos, una buena comida.

Comer (y comer juntos) es mucho más que el puro acto de nutrirse. Desde nuestros orígenes como seres humanos es un ritual cargado de significado. La comida crea vínculos sociales, da estatus y siempre fue sinónimo de celebración. El Homo sapiens es uno de los pocos animales capaces de ver comer a sus semejantes sin intentar arrancarles la comida violentamente. Somos la única especie que piensa sobre los alimentos: hablamos y escribimos sobre ellos. La forma en la que preparamos, servimos y consumimos comida y bebida forma parte de nuestra identidad colectiva desde que somos pequeños. “En todas las culturas se cocina para y se come con –explica Jesús Contreras, catedrático de Antropología Social de la Universitat de Barcelona y director del Observatorio de la Alimentación–. Luego difieren las formas de cocinar y las formas de comensalidad”. Las lenguas hablan de eso: compañero, del latín cum panis, quiere decir “aquél con el que comparto mi pan”.

La realidad del siglo XXI y el ritmo frenético de nuestros quehaceres cotidianos ha propiciado que cada vez menos personas compartan mesa con sus familiares, convirtiendo lo que era una costumbre diaria frecuente en una excepción festiva. En España hay tres millones y medio de personas que viven solas, según los últimos datos del INE. Es el doble que en 1991, y para el 2020, se calcula que alrededor del 40% de los hogares del mundo serán unipersonales. El individualismo está en alza tanto en Occidente como en Oriente, aunque allí el hecho de comer solo se considera, en general, como un signo de tristeza y miseria. “Por supuesto, depende de cada cultura, porque cada una tipifica las situaciones de diferente manera. Nosotros realizamos aquí un estudio con gente mayor que, al enviudar, aseguraban que comer solo es como despojar a la comida del aspecto humano, que se vuelve algo estrictamente biológico”, subraya Contreras. Y aunque los hábitos están cambiando, y las situaciones en las que se come en soledad se multiplican, “a muchas personas todavía les causa malestar ser visto comiendo solo, es como exhibir su soledad públicamente”, añade.

Cocinar para uno resulta también menos interesante, y por eso la alimentación suele empeorar. Los estantes de los supermercados se han llenado de todo tipo de platos precocinados de una sola ración con la vista puesta en este creciente target. “Se come peor porque se come en soledad. En estos casos, es una buena idea invitar familiares, o incluso al vecino. Porque cuando comemos acompañados, el perfil nutricional mejora de manera espectacular, casi sin darnos cuenta. En nuestro país, las personas mayores tienen una buena cultura nutricional, saben preparar buenas comidas, pero cuando viven solas se relajan, o les da pereza”, asegura el doctor Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Si compartimos la mesa con alguien, prestar atención a los alimentos que se comparten viene de manera casi espontánea, ya que no sólo nos preocupamos de nuestras sensaciones, sino también de las nuestros invitados. ¿Estará bueno? ¿Se quedarán con hambre? Por eso, es habitual el intercambio de comentarios gastronómicos cuando compartimos una comida o una cena con nuestra familia, pareja o amigos. No es que el almuerzo sea mágico per se. Sin embargo, está sobradamente probado que comer en compañía es mucho más ventajoso para nuestra salud y para nuestro ánimo. “La propia fisiología de la digestión exige que demos tiempo al cuerpo y que sigamos una cierta cadencia. La estructura de las comidas familiares –sentados con otras personas, y varios platos en orden, desde el primero al postre– responde perfectamente a esta necesidad”, expone el doctor José Manuel Moreno, del servicio de pediatría del hospital universitario 12 de Octubre de Madrid. “Cuando se come en familia se dedica más tiempo a ello, más tiempo para masticar, y se come las cantidades adecuadas, porque hay un familiar coordinando. Es un momento muy importante y debe ser regular. Nuestros estudios sobre el desayuno, por ejemplo, certifican que cuando se escenifica, y los padres están presentes, la calidad nutricional es mucho mejor”, indica Aranceta.

Lo que está en el plato, claro está, también es importante. Javier Contreras recuerda una anécdota con sus alumnos. “Los primeros días de clase les pido que me digan qué alimentos consideran malos y buenos, en el sentido que ellos quieran. Todos me dicen que las verduras son buenas y que las carnes o el alcohol son malos. Sin embargo, unos meses después, cuando ya no se acuerdan, les pregunto qué prepararían a sus invitados. Y entonces me responden que un buen asado y un buen vino…”.

Beneficios para la infancia

Aunque en España no abundan estudios sobre la cuestión, en Estados Unidos, donde la obesidad es endémica, se ha investigado desde numerosas disciplinas: historia, antropología cultural, lingüística, psicología y nutrición… Un estudio llevado por una agencia de la Universidad de Columbia concluyó que los adolescentes que no cenan con frecuencia junto sus padres están más predispuestos a consumir tabaco, alcohol y drogas. En palabras del director de esta agencia y antiguo secretario de Salud Joseph A. Califano: “Si pudiera agitar una varita mágica para concienciar a la gente sobre los problemas de adicción, me aseguraría que cada niño tuviera una cena en familia al menos cinco veces por semana”. Los chavales que comen regularmente con sus familias también tienen mejores resultados en la escuela, según otro estudio de esta misma universidad. Otros centros estadounidenses, como el de Harvard o Illinois, han realizado barómetros en los que se comprobó que los niños que pasan mucho tiempo a la mesa con sus familias consiguen obtener mejores notas en sus exámenes. Más allá de los beneficios estrictamente nutricionales de una buena dieta, la conversación y el intercambio de ideas durante las comidas fomenta la autoestima de los niños, incluso les hace menos propensos al bullying (según las conclusiones del último congreso de las Pediatric Academic Societies).

La mesa aparece, por tanto, como un buen lugar para la educación de los niños. “Dentro de las etapas de la nutrición infantil, la primera es de control absoluto de lo que come el niño, hasta los dos años. A partir del segundo año, comienza una fase imitativa con un poco de desorden, que es lo normal. Y entre los dos y los cinco años estamos ante la etapa definitoria: de adulto comerá lo que comía de niño, porque todos buscamos aquello que reconocemos”, indica Moreno. Por su parte, el doctor Aranceta asegura que “existen dos tipos de educación nutricional, una proactiva y la otra vivencial. Es importante decir a nuestros hijos ‘ayúdame a preparar la paella o el bizcocho’. Pero también que vean a sus padres comer una ensalada. Así capacitamos a nuestros hijos para comprar, preparar y organizar su modo de vida para que sea lo más saludable posible desde el punto de vista alimentario. Al fin y al cabo, la ‘comida de los afectos’ queda como referencia”.

“El consejo que doy a los padres –explica José Manuel Moreno– es hablar poco y hacer mucho. La mejor educación nutricional, sobre todo en la preadolescencia, es sentarse y comer lo que hemos comido siempre, crear unas ciertas rutinas. Los resultados demuestran que la línea de imposición y de advertencias nutricionales que hemos llevado hasta ahora es errónea”.

Cambios fundamentales

Nuestros hábitos han evolucionado por causa de numerosos factores: la incorporación de las mujeres al mercado laboral, los horarios no convencionales en multitud de profesiones, los desplazamientos y viajes cada vez más frecuentes o la participación de los niños en actividades extraescolares. “En España hay un promedio de 2.000 ingestas al año, incluyendo cualquier clase de comida, desde un menú estructurado hasta un cortado en una cafetería o una manzana. Tenemos más autonomía y somos más individualistas, y por eso el número de comidas estructuradas es menor que hace 30 años”, explica el catedrático de la Universitat de Barcelona Jesús Contreras.

El hecho de comer de táper en la oficina, por ejemplo, es cada vez más habitual. “No ha desaparecido la comensalidad, al contrario, han aumentado las ingestas con un alto componente de sociabilidad. Hace unos años era impensable invitar amigos a cenar a casa. Hoy se hace a cualquier edad”. Es decir, no es que comamos solos, sino que los cambios sociales propician que los padres coman en la oficina, los niños en el colegio o con la niñera, etcétera. “Cada vez que se habla de las comidas familiares, ves una sonrisa de añoranza en la cara de la gente”, observa el pediatra José Manuel Moreno. La nostalgia de Proust y su magdalena.

El pasado verano los medios de comunicación se hicieron eco de la declaración de la gastronomía francesa como patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad por la Unesco (que también lo ha hecho con la dieta mediterránea). Sin embargo, lo que la organización reconoció va más allá. No se trata sólo de la comida y la cocina tradicionales galas, sino del hecho de compartir alimentos como ritual social. “La comida gastronómica –se dijo entonces– es una práctica social tradicional destinada a celebrar momentos importantes… Es una comida festiva en la que los comensales practican el arte del buen comer y del buen beber, poniendo el acento sobre el hecho de estar bien juntos, el placer del sabor y la armonía entre el ser humano y la naturaleza”.

La comida como ritual social tiene muchas vertientes. Muchas reuniones de trabajo o negocios se realizan fuera de la oficina, en un restaurante. Los congresos y las convenciones suelen empezar por un cóctel de bienvenida. Es incluso un arma diplomática de primer nivel: cualquier jefe de Estado o Gobierno que visita un país extranjero es agasajado con solemnes cenas de gala. Todo el mundo recuerda cuando el nuncio apostólico (el embajador del Vaticano), Manuel Monteiro, invitó al entonces presidente Zapatero a un “caldito” para limar asperezas con el Gobierno. “Compartir comida exige una proximidad, una relación previa. A veces, cuando uno es consciente de que esa relación no existe, y por tanto no hay confianza, de alguna manera hay que crearla. Hacer algo como si fuéramos conocidos de toda la vida. Una cena o un cóctel sirven para romper ese freno que supone la distancia. En catalán se dice el que no es paga amb diners, es paga amb dinars (lo que no se paga con dinero, se paga con cenas). Expresiones como comer de un mismo plato, o sentarse a la misma mesa, son expresiones de proximidad”, opina Jesús Contreras.

Comer con el iPad

En estos últimos tiempos hipertecnológicos, además de la televisión, hemos invitado a nuestras mesas a los smartphones y las tabletas. Y aquí hay opiniones para todos los gustos. Para Javier Aranceta, “el momento de la comida es un momento de intimidad y diálogo. Por eso habría que dejar de lado la televisión, los ordenadores o las cartas que han llegado del banco. La mesa tampoco es el lugar para decirles a nuestros hijos que ayer llegaron tarde a casa o que tienen que mejorar las notas. Tiene que ser un momento de armonía, y no para hablar de los problemas. La comida es una tregua, porque no hay mucho tiempo para estar juntos”. Jesús Contreras opina, con todo, que los gadgets o la tele pueden propiciar la comunicación. “Yo veo a gente joven cenando y con el móvil en la mano, y se lo muestran unos a otros. Interactúan con los smartphones… es como otro interlocutor. Y en la comensalidad juegan la interlocución y la compañía. Son nuevas expresiones que no siempre inhiben la conversación, sino que incluso la puede provocar”.

En un estudio realizado por Knorr, ocho de cada diez españoles señalaron la comida familiar como un valor que preservar, y un 75% aseguró que influye positivamente en el bienestar personal. En definitiva, comer y compartir las comidas con amigos, pareja o familiares, es un placer. Como bien señala el doctor José Manuel Moreno, “ha habido un tiempo en el que sólo nos hemos centrado en lo estrictamente nutricional, en las cualidades de lo que está en el plato. Pero comer es algo mucho más interesante. Creo que hemos dado un mensaje equivocado todos estos años, con esta especie de mandamientos sobre las calorías, las grasas… Comer casi se ha convertido en un castigo desagradable. Pero comer es un placer porque se trata de la supervivencia humana, y la naturaleza nos ha diseñado para que cubrir nuestras necesidades sea agradable”.

* * * * *

Si quieres leer más post de tu interés, puedes encontrarlos ordenados en la Guía de la Web.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s