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Hoy, nuestro amigo The Edge nos ha traido un artículo que encontró en este enlace. Va sobre la impaciencia, las prisas y el querer adelantarnos al futuro. Gracias The Edge por compartir este artículo ;)
Vivir el momento
Cuenta una historia que el sabio Confucio animó a uno de sus discípulos a caminar por un bosque. Mientras el maestro paseaba distraídamente, silbando y observando los árboles y los pájaros con los que iba cruzándose por el camino, su acompañante parecía nervioso e inquieto. No tenía ni idea de adónde se dirigían. Harto de esperar, finalmente el discípulo rompió su silencio y le preguntó: “¿Adónde vamos?”. Y Confucio, con una amable sonrisa en su rostro, le contestó: “Ya estamos”.
Querer acelerar el ritmo de los acontecimientos es una distorsión de nuestra mente. La clave para cambiar consiste en aprender a disfrutar el momento presente.
Me gusta que las cosas sucedan cuando yo quiero”. “Odio que me hagan perder el tiempo”. “Mándame el informe urgentemente”. “¡Hay que ver qué lenta es la gente!”. “Ya va siendo hora de que cambien las cosas”. “¡Date prisa, que llegamos tarde!”. “¡Lo necesito ahora mismo!”. “¿Por qué no me ha llamado todavía?”. “¡Me muero por que sea viernes!”. “No soporto que me hagan esperar”.
Si le resulta muy familiar alguna de estas afirmaciones, seguramente conocerá bien qué es la impaciencia. Pero no se preocupe. Es una distorsión psicológica que tiene cura. Tan sólo basta comprender que es inútil. No sirve absolutamente para nada. Por más que nos quejemos, enfademos y lamentemos, las cosas van a seguir yendo a su ritmo, tal y como lo han estado haciendo y lo van a seguir haciendo siempre.
Y no sólo eso. Es muy perjudicial para nuestra salud emocional. Cada vez que nos invade la impaciencia es como si tomáramos un vasito de cianuro, vertiendo veneno sobre nuestra mente y nuestro corazón. Eso sí, a pesar de que vivimos en una sociedad que premia y ensalza la velocidad y la inmediatez, desprenderse del hábito de “querer las cosas para ya” es posible. Todo se reduce a un simple cambio de actitud.
EL VENENO DE LA PRISA
“Deseamos ser felices aun cuando vivimos de tal modo que hacemos imposible la felicidad” (san Agustín)
Imagínese que está al volante de su coche, conduciendo tranquilamente por una calle de un solo carril. De pronto se forma una inesperada caravana. Aunque usted no puede verlo, parece que un camión se ha detenido unos cuantos metros más adelante para realizar una descarga. Pasan los segundos y usted sigue sin poder avanzar. Poco a poco empieza a ponerse nervioso. Echa un vistazo a su reloj y suelta un tedioso resoplido.
Al poco rato comienzan a sonar los primeros bocinazos. En medio de aquel insoportable ruido, finalmente pierde la paciencia y, harto de esperar, se suma a la protesta y toca varias veces el claxon con rabia.
Al cabo de un rato retoma la marcha, impotente y molesto por lo sucedido. Puede que usted no sea consciente, pero las emociones negativas que ha creado mientras apretaba el claxon con fuerza le van a acompañar el resto del día. ¿Y todo ello para qué? ¿Acaso su impaciencia le ha servido para acelerar la descarga realizada por el camión? ¿Realmente cree que el conductor ha tardado más de lo necesario aposta sólo para fastidiarle? Lo paradójico es que la impaciencia sólo le ha perjudicado a usted.
LA RAÍZ DE LA IMPACIENCIA
“Lo que causa tensión es estar ‘aquí’ queriendo estar ‘allí’, o estar en el presente queriendo estar en el futuro” (Eckhart Tolle)
Pero entonces, ¿por qué lo hacemos? ¿Por qué somos impacientes? Aunque parezca mentira, ninguno de nosotros elige tomar esta actitud cuando la vida no se ajusta a nuestros planes. Por el contrario, la impaciencia surge mecánica y reactivamente de nuestro interior cuando vivimos de forma inconsciente. Se trata de un efecto, un síntoma, un resultado negativo que pone de manifiesto que la mirada que estamos adoptando frente a nuestras circunstancias es errónea.
Si volvemos al ejemplo del atasco de tráfico anterior -que puede ser extrapolado a cualquier otra situación cotidiana-, nos damos cuenta de que nuestro malestar surge al poner el foco de nuestra atención en el denominado “círculo de preocupación”. Es decir, en todo aquello que no depende de nosotros, como que el conductor del camión realice la descarga más rápidamente. Y al no poder hacer nada al respecto, nos invade la impotencia, y con ésta, el agobio, el enfado y la lamentación.
Sin embargo, el camión tiene todo el derecho de pararse y realizar la descarga, de igual manera que nosotros también detenemos nuestro coche a veces, haciendo demorar a otros conductores. Si nuestro día a día no es más que un continuo proceso repleto de otros necesarios para que todos podamos completar nuestras actividades personales y profesionales, ¿dónde está el problema? ¿Por qué es tan difícil adaptarse a lo que sucede?
EL ARTE DE VIVIR DESPIERTO
“Si no hallas satisfacción en ti mismo, la buscas en vano en otra parte” (François de la Rochefoucauld)
La respuesta se encuentra dentro de nuestra cabeza. Cada vez que nos sentimos impacientes, ocasionándonos a nosotros mismos un cierto malestar, significa que estamos interpretando los acontecimientos externos en base a una creencia limitadora: que nuestra felicidad no se encuentra en este preciso momento, sino en otro que está a punto de llegar. O, dicho de otra manera: como creemos que no podemos estar a gusto en medio de un atasco, deseamos que éste termine de inmediato para poder llegar a nuestro destino, donde sí podremos gozar de nuestro bienestar.
Sin embargo, funcionar según esta falsa creencia revela una verdad incómoda, que suele costarnos bastante aceptar: la impaciencia suele ser un indicador de que no estamos a gusto con nosotros mismos. Porque si lo estuviéramos realmente, no tendríamos ninguna prisa en que el camión (o cualquier otra persona, cosa o situación) avanzara a una velocidad mayor de la que lo está haciendo. Ni siquiera aparecería la prisa, pues ya sabríamos de antemano que no sirve para acelerar el ritmo de lo que nos sucede.
Lo cierto es que sólo a partir de un estable bienestar interno podemos empezar a relacionarnos con nuestras circunstancias de una manera más consciente, pudiendo tomar la actitud y la conducta más convenientes en cada momento. A esta capacidad, los psicólogos y coachs contemporáneos la llaman “vivir despierto”. Al darnos cuenta de que no podemos cambiar lo que nos sucede, sí podemos modificar nuestra actitud, centrándonos en el denominado “círculo de influencia”. En el caso del atasco, implicaría respirar profundamente, poner la radio, cantar, pensar en positivo y otras acciones que dependieran por completo de nosotros.
De esta forma nos ahorraríamos la desagradable compañía de la impaciencia, un huésped que de tanto visitarnos termina por instalarse indefinidamente en nuestro interior. Eso sí, para adoptar esta actitud más constructiva es necesario que nos recordemos de vez en cuando que todos los procesos que conforman nuestra vida tienen su función y su tempo. De ahí que, por más que intentemos acelerarnos, siempre terminaremos chocando una y otra vez con esta inmutable verdad, causándonos por el camino la experiencia del malestar.
LA VIDA TIENE SU PROPIO RITMO
“El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla” (Lao Tse)
Cuenta una historia que un hombre paseaba por el campo, aburrido, sin nada qué hacer. De pronto se encontró un capullo de mariposa y decidió llevárselo a casa para distraerse un rato, viendo cómo ésta nacía. Tras veinte minutos observando la crisálida, empezó a notar cómo la mariposa luchaba para poder salir a través de un diminuto orificio.
El hombre estaba realmente excitado. Jamás había visto nacer a una mariposa. Sin embargo, pasaron las horas y allí no ocurrió nada. El cuerpo del insecto era demasiado grande, y el agujero, demasiado pequeño. Impaciente, el hombre decidió echarle una mano. Cogió unas tijeras y, tras hacer un corte lateral en la crisálida, la mariposa pudo salir sin necesidad de hacer ningún esfuerzo más.
Satisfecho de sí mismo, el hombre se quedó mirando a la mariposa, que tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas, débiles y arrugadas. El hombre se quedó a su lado, esperando que en cualquier momento el cuerpo de la mariposa se contrajera y desinflara, viendo a su vez crecer y desplegar sus alas. Estaba ansioso por verla volar.
Sin embargo, debido a su ignorancia, disfrazada de bondad, aquel hombre impidió que la restricción de la abertura del capullo cumpliera con su función natural: incentivar la lucha y el esfuerzo de la mariposa, de manera que los fluidos de su cuerpo nutrieran sus alas para fortalecerlas lo suficiente antes de salir al mundo y comenzar a volar. Su impaciencia provocó que aquella mariposa muriera antes de convertirse en lo que estaba destinada a ser.
LA FILOSOFÍA DEL ‘AQUÍ Y AHORA’
“Bendito regalo es este al que llaman presente” (Sebastian Skira)
Más allá de comprender que todos los procesos que forman parte de nuestra existencia tienen su propio ritmo, despedirse de la impaciencia también implica descubrir que lo que necesitamos para ser felices ya se encuentra en este preciso instante y en este preciso lugar. De hecho, es imposible hallarla en ningún otro momento ni en ninguna otra parte.
Aunque se ha repetido hasta la saciedad, los seres humanos tenemos un peculiar rasgo en común: tendemos a olvidar lo que necesitamos recordar y a ser víctimas y esclavos de esta negligencia. Así, el pasado es un recuerdo y el futuro es pura imaginación. Lo único que existe de verdad es el presente, que es el espacio y el tiempo donde podemos recuperar el contacto con nuestro bienestar interno. Aunque no nos lo parezca, ahora mismo todo está bien. Todo está en su sitio, tal y como tiene que ser. El problema lo crea nuestra mente cuando no acepta lo que hay, tratando de cambiar lo externo, que no depende de nosotros, y posponiendo nuestra propia transformación, que sí está a nuestro alcance.
Algunos coachs especializados en desarrollo personal proponen que la próxima vez que nos invada la impaciencia nos preguntemos: “¿Qué es lo que no estoy aceptando? ¿Qué le falta a este momento? ¿De qué manera lo que está sucediendo me impide ser feliz? ¿Qué prisa tengo? ¿Qué voy a hacer luego?”. Al analizar las respuestas, concluimos que desear que llegue un futuro imaginario suele ser una consecuencia de no estar en paz con nosotros mismos en el presente. Aprendemos a fluir cuando comprendemos que la realidad siempre es aquí y el momento siempre es ahora.





















Completamente de acuerdo con el post.
Como dice un refrán: Piano, piano, si va lontano
Un saludo
interesante, post eso me recuerda cuando quiero hacer simultaneas cosas al mismo tiempo cuando estoy conectado a Internet, “para aprovechar el tiempo” pero termino perdiendolo, por que como cuento con una limitada conexion no puedo hacer todo al mismo tiempo, asi que me impaciento, y termino deseando que todo se haga pero en un “YA”, buen post lo recomiendo para la reflexion.
Vaya, curiosamente la semana pasada estuve hablando con mi amigo el doctor acerca de la paciencia. La conversación giraba en torno a la psicología de uno de los personajes de la saga de STAR WARS: el emperador Palpatine.
Me intrigaba saber cómo un personaje, que por su pinta y actuar parece el mismo diablo, podía ser tan paciente como para esperar tranquilamente durante años para culminar su venganza contra unos enemigos a quienes les tenía un odio enfermizo. ¿Cómo podía pasar los días fingiendo ser un anciano bonachón y gentil sin explotar? ¿De dónde sacaba la entereza para saludar a sus enemigos con una sonrisa y hablarles como si fuera sus amigos? En serio, que sangre fría la de ese amigo para no perder los estribos y saltarle encima a alguien.
La respuesta que me dio el doc era que el tipo había cultivado la virtud de la paciencia porque se tenía una fe en sí mismo y procuraba disfrutar del presente. No le preocupaba su venganza porque todos los días trabajaba en sus planes y sabía que la oportunidad se le presentaría en algún momento, como finalmente ocurre.
Del mismo modo que se nos suguiere en esta entrada, cultivemos la paciencia como una virtud y disfrutemos del presente. Ser impaciente es querer vivir el futuro antes de tiempo.
Demos tiempo al mismo tiempo.
Buen artículo pero….si estás en un atasco y llegas tarde a trabajar o a una cita importante normal que te impacientes por muy a gusto que estés contigo mismo!!!…..jejeeje.
Otra cosa seria impacientarse por conseguir determinados objetivos, cosas, o que ocurran determinadas situaciones que tu deseas.
Os recomiendo para los que no lo conozcais el libro “El poder del ahora” de Eckhart Tolle todo un clasico en la materia.
Saludos
Hola, os cuento mi experiencia y a ver que me decis.
Llevo mas de tres meses tras una chica de mi trabajo, el caso es que no nos vemos nunca y casi toda nuestra relacion se ha basado en el e-mail y el messenger.
El caso es qeu al empezar a gustarme, primero intente despertar su interes con juegos, comentarios que la hicieran pensar sobre mi, luego averiguando cosas de su vida personal, su familia, amigos, que hace en su tiempo libre… tambien me he puesto jugueton con ella, he sido a veces arrogante…
Alguna vez le propuse tomar algo en el trabajo, un cafe… ella me rechazó y entonces deje de hablrala por algo mas de una semana, y al volver a verla (casualmenete me la cruce en el pasillo) fue ella quin me recordo que la debia un cafe… yo le dije, ya veremos!!!
Luego segui jugueteando con ella, un dia que tuvo un pequeño contratiempo fui a su sitio a verla, pero no estaba!!
Luego me saludo por el messenger y me dijo que le habia parecido un detalle que fuese a verla, entonces volvi a jugar con ella, a decirle que venga, que iba a verla, que no… que staba liada, que yo tambien… y al final cuando le dije que me iba me volvio a recordar que a debia un cafe.
Al final un dia la dije que la invitaba a ese cafe y se montro muy contenta, me dijo. “no he bebido nada en toda la comida esperando a mi cafe”
y quedamos.. el problema fue que yo estaba muy nervioso y no fui capaz de seducirla, estuvimos una hora hablando y no fui capaz siquiera de proponerle quedar otro dia…
despues hemos seguido tonteando un par de veces por semana por el messenger, notaba que ella se lo pasaba bien conmigo pero no sabia si queria algo mas… el caso es que me fui de vacaciones 2 semanas y al volver note algo de distanciamiento… y me puse nervioso y la cagué… un dia que ya no aguantaba mas le dije por el messenger que si se tomaba un cafe, alo que me dijo que estaba muy liada, y yo segui insistiendo, me volvio a decir que no, que si eso otro dia.. y yo cambie de tercio y le dije que me llevara a los bolos, pq me habia dicho q habia ido con sus amigos una vez y en su momento le dije que me gustaria ir, y me volvio a responder con evasivas, diciendo que ya me avisaria cuando volviesen otra vez…
el caso es que me puse nervioso y empece a decirle que una cosa que tenia para ella no se la iba a dar, porque soy mala persona, ella me seguia el juego, si lo se eres mala persona y le dije: “si ya lo sabias porque me has hablado todo este tiempo” y me seguia el juego.. me dijo qu era negativo y le dije que los puntos negativos se los ponia yo a ella, que le iba a costar remontar y que no era negativo sino sincero, que le decia como era en verdad por si se habia hecho ilusiones conmigo… me dice, por eso no te preocupes! si se que eres mala persona! y le digo: te crees que vas de chulita y lo que vas es de tontita! me dice te has pasaao! y le digo, claro no ves que soy mala persona!lo que aun no se es porque me has estado hablando todo este tiempo si ya sabias lo mal persona que soy. y me dice: eso digo yo!! a lo que le respondo: pues porque eres tonta!! y mne dice: pero con gafas de sol!!!
Eso me descoloco totalmente, le respondi:jodeeeeeeeeeeer
ahora si qeu de verdad estoy empezando a pensar que eres tonta
vaya tela
me parece que me he equivocado contigo
que gran error
yo que pensaba que eras una chica maja, agradable, simpatica e inteligente
me estoy llevando un chasco…
creo que no mereces mas la pena
bueno, no volveré a importunarte pero te deseo lo mejor
que tan malo no soy
adios
y ahi deje la conversacion
ella me respondio que me parece muy fuerte que me llames tonta, pero bueno, veo que las bromas no son lo tuyo, que pases un buen fin de semana, adios
El lunes siguiente la llame para disculparme en persona, me dijo que nos veriamos luego, pero despues me dio la excusa de que estaba muy liada, asiq eu por el messenger le dije que estaba de broma con ella, pero que creia que me habia pasado y que no volveria a suceder, y que si algun dia queria tomar un cafe conmigo ya sabia donde encontrarme. el caos es que ha pasado una seman y no hemos vuelto a hablar, el viernes me saludo en el coctail de navidad que iba con una amiga y estuvimos charlnado una rato de vacaciones, trabajo…
No se que hacer ahora, como actura, sigo insistiendo, la dejo por un tiempo, me olvido de ella?
Saludos y gracias por vuestros comentarios